Animales por plantas. Cómo combatir el cambio climático a través de tu alimentación

Ir al trabajo en bicicleta.
Vestir ropa producida de forma ética.
Pedir un café para llevar en un termo reutilizable.
Hacer la compra con productos locales y ecológicos.
Reducir los envases plásticos de un solo uso.
Comer menos animales.

Si estás en proceso de transición hacia un estilo de vida más sostenible deberías plantearte añadir esta última acción a tu lista de cosas por hacer para mejorar la salud de nuestro planeta, y ya de paso la nuestra.

¿Por qué deberías cuestionarte un cambio también en tu alimentación? Pues porque los productos de origen animal son los causantes de alrededor del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con los alimentos. De hecho, según Greenpeace, “si no hacemos nada, para 2050 las emisiones de gases del sistema alimentario representarán más de la mitad del total de emisiones globales asociadas con las actividades humanas”. Y no solo eso, nuestra manera actual de alimentarnos es la principal responsable de la pérdida de la biodiversidad del planeta. La expansión de la ganadería y la contaminación procedente de la misma contribuyen a la desaparición actual de los bosques, a la degradación de los ríos y los mares y a la creciente extinción de las especies.

¿Qué podemos hacer nosotros para contrarrestar esta situación? Pues cosas tan sencillas de aplicar como las que te describo a continuación, enumeradas de mayor a menor ganas de implicarse en ello.

  1. Reducir de forma considerable el consumo de animales. Un método sencillo para llevar a cabo este cometido es el que nos propone Graham Hill en su conferencia Why I’m a weekday vegetarian. Este periodista, que destina gran parte de su tiempo a hablarnos sobre sostenibilidad y minimalismo, nos plantea ser vegetarianos de lunes a viernes. Y cuando llega el sábado barra libre. Esto no quiere decir que no puedas saltarte nunca el vegetarianismo entre semana, es más bien una guía que te ayudará a cumplir con aquello que te has propuesto: consumir menos alimentos de origen animal para combatir el cambio climático, y al mismo tiempo llevar una vida más saludable.

  2. Aumentar la ingesta de vegetales y legumbres. Estas últimas, además de ser una fuente importante de proteínas, favorecen la biodiversidad del suelo y podrían ser la clave para combatir el cambio climático debido a su capacidad para adaptarse a sus efectos. Así que igual después de saber estas dos cosas empiezas a ver la potencia verdadera que hay detrás de un plato de garbanzos.

  3. Comer productos de origen animal de forma puntual, de procedencia local, y, si tu bolsillo te lo permite, de ganadería ecológica. Si reduces el número de veces que consumes este tipo de alimento probablemente puedas destinar más dinero a ellos. Comerás mejor y de forma más responsable.

Después de leer estas líneas, y ahora que te has permitido reflexionar sobre cómo nuestra alimentación puede contrarrestar los efectos nocivos del cambio climático, solo me queda añadir que los gestos diarios son importantes, y que si los compartimos con el resto de las personas se pueden convertir en poderosos portadores del cambio.

Como bien dice Graham Hill al final de su conferencia “después de todo, si todos nosotros comiéramos la mitad de carne, sería como si la mitad de nosotros fuéramos vegetarianos”.

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