Árboles por habitantes

“Podemos aplicar a las ciudades y las escuelas el test del árbol. Cuanto mayor es su cantidad per cápita, más elevado es el grado de satisfacción de los urbanitas y escolares, de lo que salen beneficiados la convivencia y el aprendizaje. No es una invención mía: existe una relación proporcional entre el índice de masa forestal y el desarrollo humano. Es cosa sabida que los barrios con paseos arbolados y parques son más valorados y atraen a vecinos con mayor poder adquisitivo. Cualquier intento de reinventar la ciudad, pasa por asilvestrarla.” (1)

 

Parece que existe una correlación positiva entre la calidad de vida de una ciudad y el tamaño de sus parques y jardines. Es decir, que cuantos más árboles haya en una población mayor será el bienestar de sus habitantes, y viceversa.

 

Ahora bien, yo me pregunto:
A. ¿Se trata de una relación causa-consecuencia?
B. ¿De una coincidencia?
C. ¿De manifestaciones diferentes de una misma raíz original?

 

La gente es más feliz porque hay más árboles (A). O sea, que si las zonas verdes disminuyeran también lo haría el bienestar de sus habitantes. Del mismo modo, para aumentar la felicidad de un barrio sería suficiente con plantar árboles y esperar a que crecieran. También es posible que suceda al revés: la gente es más feliz y, por tanto, planta más árboles, como una expresión de dicha alegría. En cuanto la gente se deprime, deja de cuidar sus árboles.

 

Hay más árboles y más bienestar en el mismo lugar y al mismo tiempo (B), pero su presencia obedece a causas diferentes. A lo mejor en ese lugar también hay más personas zurdas, más miopes y más practicantes de la papiroflexia, pero probablemente no tendrá nada que ver con cuántos árboles haya. Han coincidido, es llamativo, pero no hay nada más.

 

Hay más árboles y más personas felices porque hay un tercer fenómeno que se nos escapa pero que explica los dos primeros (C). Puede que se hayan tomado decisiones cuyas consecuencias hayan sido beneficiosas tanto para el bienestar general de la población como para la cantidad de zonas verdes en la ciudad. También, probablemente, habrá otras manifestaciones relacionadas con esas mismas decisiones que en un primer momento no somos capaces de relacionar con cuántos árboles y cuántas personas felices vemos por las calles. Este tercer escenario es el que me parece más interesante. ¿Qué decisiones podrían ser aquellas capaces de producir estos efectos tan beneficiosos para nuestra sociedad?

 

Texto en colaboración con Manuel Pérez. Profesor de Geografía e Historia.

 

(1) Beruete, Santiago (2021), Aprendívoros. El cultivo de la curiosidad, Madrid, Turner.

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