Bendita comida. Maneras de evitar el desperdicio de alimentos.

La comida no se tira. Cuántas veces hemos escuchado esta frase a lo largo de nuestra infancia. Probablemente muchas. Y es que desde que empezamos a tener uso de razón nos enseñan a valorar aquello que nos alimenta.

La imagen de un plato vacío después de una comida siempre es apreciada por el resto de comensales, sobre todo por la persona que lo ha preparado con cariño.

Está claro que respetamos aquello que nos llevamos a la boca, primero porque necesitamos comer para que nuestro organismo funcione con normalidad, y segundo porque disfrutamos de la experiencia sensorial que conlleva zamparse un bizcocho de chocolate recién horneado.

No obstante, a pesar de tener la comida en un pedestal o llenar nuestro perfil de Instagram con multitud de platos apetecibles seguimos derrochando una cantidad importante de alimentos. Según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se estima que un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician. Una cifra que debería avergonzarnos sabiendo que para millones de personas la comida no siempre está garantizada y apenas pueden alimentarse de forma adecuada.

¿Qué podemos hacer nosotros para evitar el desperdicio de alimentos?

Planifica tu menú semanal. Echa un vistazo a tu nevera y armarios antes de ir a por provisiones y elabora tu lista de la compra en función de lo que te falta o necesites.

Mantén tu frigorífico despejado. Si no quieres encontrarte con un limón fosilizado en el fondo del cajón de tu nevera más te vale tenerlo a la vista. Un truco que suele funcionar bastante bien consiste en colocar en primera fila los alimentos que lleven más tiempo en los estantes.

Compra con más frecuencia. Se acabó llenar el coche hasta arriba como si te fueras a vivir a un búnker bajo tierra por si mañana se nos viene el Apocalipsis. En España los comercios y mercados tienen un horario bastante amplio y podemos ir a comprar cómodamente de forma regular. Comerás productos más frescos y reducirás de forma considerable las probabilidades de tener que tirar alimentos caducados.

Reinventa tus sobras. Los excedentes de comida son valiosos, no los descartes y aprovéchalos. Ellos son los responsables de las famosas croquetas de tu abuela o de la riquísima lasaña de los viernes en casa de tus suegros.

Congela o comparte. Si te vas de viaje y tu frigorífico tiene compañía puedes hacer dos cosas, congelar los alimentos que lo permitan o donarlos, bien a tu vecina de enfrente o a alguna persona que los pueda necesitar.

Convierte en compost tus residuos orgánicos. Casi la mitad de nuestra basura está compuesta por restos de alimentos. Si convertimos estos “residuos” en “recursos” a través de este proceso conseguimos un excelente abono para la agricultura y la jardinería.

Además, si evitamos que los restos orgánicos vayan a parar a un vertedero, donde su descomposición es casi imposible por la falta de oxígeno, estaremos ayudando a reducir las emisiones de gases metano procedentes de los mismos y que contribuyen al cambio climático.

Si compostar en casa te parece sexy puedes hacerlo de forma fácil aunque seas urbanita. Pero si te da pereza puedes ir guardando los restos en un cubo (yo los guardo en una bolsa compostable en el congelador para evitar roturas de bolsa y malos olores) y llevarlos al contenedor de residuos orgánicos o bien a un huerto comunitario que esté cerca de tu domicilio.

Moraleja: Valora cada bocado, evita el desperdicio de comida y transforma tus residuos orgánicos en algo bueno para el planeta.

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