Si la naturaleza dibujara un mapa del mundo, ¿cómo sería?

En un artículo anterior nos preguntábamos hasta qué punto las fronteras actuales iban a ayudarnos a resolver los problemas del siglo XXI, y nos dimos cuenta de que, al contrario, más bien podían resultar un obstáculo.

 

Si estamos de acuerdo en que nuestro planeta, y nuestra especie, tienen ante sí desafíos que habrá que afrontar de manera global, es el momento de ir un paso más allá: ¿Cómo nos organizamos para tomar decisiones? ¿Cómo ponemos en práctica esas decisiones?

 

El principio de subsidiariedad nos dice que las decisiones deben tomarse lo más cerca posible del problema que pretenden solucionar, y un conocido eslogan ecologista nos dice que debemos pensar globalmente y actuar localmente.

 

De esto se deduce que será necesario establecer una serie de demarcaciones de menor tamaño que nos permitan tomar mejores decisiones. Ahora bien, si ya hemos establecido que los países actuales no siempre van a funcionar bien, ¿qué criterio seguimos para delimitar dónde acaba y dónde comienza cada una de las partes en que vamos a dividir el mundo?

 

El movimiento del biorregionalismo lo tiene claro: el planeta se divide en unas cuantas grandes biorregiones que, a su vez, se dividen en ecorregiones de menor tamaño (como sucede con las comunidades autónomas y las provincias en España). Estas biorregiones y ecorregiones deberían ser la plantilla a partir de la cual diseñar los bordes de cada entidad política (si tenéis curiosidad podéis ver en este enlace cómo se distribuyen y hasta qué punto coinciden con las fronteras políticas que conocemos).

 

Vamos con algunos ejemplos. En América del Norte, el territorio de Cascadia hace tiempo que cuenta con su propio movimiento biorregionalista. Muchas veces los ríos marcan fronteras entre países. ¿Y si en vez de ello dividiéramos Europa o la península Ibérica a partir de las cuencas hidrográficas? O tal vez las cadenas montañosas, como los Alpes, que se extienden a lo largo de siete países diferentes.

 

Una última cosa debemos tener clara: nada de esto sería útil si el biorregionalismo únicamente sustituyera unas fronteras por otras, manteniendo los mismos modelos políticos y económicos que nos han traído hasta aquí. Tal y como explican en este enlace, el rediseño de las fronteras debe ir acompañado de unas transformaciones políticas, culturales y económicas que se adapten mejor a las particularidades de cada territorio, con el fin de alcanzar un desarrollo verdaderamente sostenible.

 

Imágenes generadas a través de Pollinator Pathmaker, una herramienta algorítmica diseñada por la artista Alexandra Daisy Ginsberg que te permite crear con empatía un jardín para polinizadores.

 

Texto en colaboración con Manuel Pérez.
Profesor de Geografía e Historia.

↑ Top



© 2022 good things, good planet