
Cultivar un bosque
“Hoy, cuando amenaza no solo la desertización biológica sino la cultural, tenemos mucho que aprender sobre los elementos básicos de la ecología. Una comunidad bajo el control de la economía de la atención se parece a una granja industrial, y en ella nuestros trabajos han de crecer rectos y altos, unos junto a otros, produciendo fielmente sin tocarse nunca. Ahí no hay tiempo para extenderse y formar redes horizontales de atención y apoyo, ni para fijarse en que todas las formas de vida «no productivas» han huido. Entretanto, innumerables ejemplos tomados de la historia y la ecología nos enseñan que una comunidad diversa con una red compleja de interdependencias no solo es más rica, sino que puede resistirse mejor a los intentos de controlarla.”(1)
Si alguna vez habéis estado en una exposición canina, a lo mejor habéis tenido la misma sensación que tuve yo. Ante filas y filas de perros exactamente iguales entre sí, indistinguibles para cualquiera excepto sus amos, comprendí el significado del término uncanny. Una repetición infinita de animales, compitiendo entre sí por ver cuál se aproxima más a un ideal de perfección completamente arbitrario, me produjo ese sentimiento de inquietud, extrañeza e incomodidad.
Algo parecido podría sugerirnos la observación de una plantación agrícola de monocultivo: cambiamos los animales por plantas, y la búsqueda de perfección por el deseo de obtener el máximo beneficio, y podemos aproximarnos a esa idea. Hilera tras hilera de árboles exactamente iguales entre sí, separados de manera perfectamente simétrica por tierras yermas donde cualquier cosa que no contribuya al aumento inmediato de la producción es considerada una «mala hierba”.
Un sistema como este es insostenible en el tiempo. La poca variedad genética (o la nula biodiversidad de uno de estos «desiertos verdes») favorece la aparición y proliferación de enfermedades y plagas. Esto se combate a través de más y más insumos (pesticidas, herbicidas, fitosanitarios) que desencadenan un círculo vicioso en que cada vez es mayor la cantidad necesaria, como cada vez es mayor la vulnerabilidad del conjunto.
Para que los individuos puedan resistir mejor estas adversidades, es necesario desarrollar una organización diferente, en que diferentes especies y variedades se complementen entre sí en ecosistemas resilientes que puedan expresar las dinámicas naturales de los bosques, por ejemplo: la infiltración de agua, el aumento de la materia orgánica en el suelo o la complejización de especies con el paso del tiempo, entre otras.
En la agricultura sintrópica no se trata de perseguir la meta del rendimiento económico infinito porque sí, sino de diseñar un sistema agroforestal cuyos elementos cumplan funciones diferentes. Este tipo de agricultura favorece un equilibrio armónico en el cual no se produce una fractura entre la naturaleza y la agricultura, sino que ambas se integran de una manera que se potencian la una a la otra. La agricultura se convierte así en un método de restauración ecológica y, al mismo tiempo, nos provee de alimentos sanos, sabrosos y diversos.
Texto en colaboración con Manuel Pérez, profesor de Geografía e Historia; y
con Amanda y Rocío, impulsoras de Enbosqueser, un proyecto de regeneración de la tierra en el que producen plantas y remedios medicinales, reconvirtiendo una parcela agrícola de monocultiuvo en un bosque de alimentos biodiversos y resilientes a través de la agricultura sintrópica.
(1) Odell, Jenny (2021), Cómo no hacer nada. Resistirse a la economía de la atención, Barcelona, Ariel.